Poesía al oído del lector: León de Greiff

León de Greiff (Medellín, 1895; Bogotá, 1976).

El más prolífico, culto, complejo, independiente, «subversivo», provocador, polémico y a la vez indiferente, raizal tanto como «extranjero» y extraño y extrañado entre los poetas
nacidos a fines del siglo XIX pero plenamente vigente en el XX y el más estudiado y divulgado al cumplirse el centenario de su nacimiento, con proyecciones hacia el XXI… En su tierra fue el director-fundador de la primera revista de vanguardia de Colombia, Panida, con el inquieto y bohemio grupo del cual fue literariamente el
nombre mayor, como lo fue del grupo Los Nuevos, ya en Bogotá, donde era una figura tan rara —en el sentido dariano— como familiar. Ocupó nacionalmente cargos burocráticos propios de su profesión de estadístico, principalmente en Ferrocarriles y Caminos… De sus numerosos «oficios y mesteres» confesó el preferido: «Soy un acontista». La Academia lo llamó, pero murió sin posesionarse. Su vasta obra poética reboza en los volúmenes por él titulados |Tergiversaciones (1925); Libro de signos (1930); |Variaciones alrededor de
nada (1936); |Fárrago (1954); |Nova et vétera (1973), etcétera… Fuera de sus |Prosas de Gaspar(1937), la compilación de sus colaboraciones en El Espectador y en la HJCK, se cuentan también muchas |Obras completas, todas incompletas porque siguen y seguirán apareciendo «nuevos» y viejos manuscritos
originales. Cuatro de ellas son: La de Alberto Aguirre para Bedout en Medellín (1960), la de Tercer Mundo (1975), la de Procultura y Presidencia de la República (de Belisario Betancur) en 1985; la de la Universidad de Antioquia, preparada (como la anterior) por su hijo Hjalmar con el título de |Obra dispersa (1995) y, en
fin sin fines, otras como la selección en ruso publicada en Moscú en 1986 — traducciones del poeta soviético Serguei Goncharenko—. También se han publicado aparte muchos de sus poemas o grupos de poemas que él incluía en sus libros con el nombre de |Mamotretos. Después de los años de quieta bohemia bogotana, cuando «con humor e indolencia» fue el pontífice sin trono del Café Automático, hizo sus soñados y tardíos viajes, entre ellos para asistir al Congreso de la Paz en Estocolmo en 1958, de donde pasó a la U.R.S.S., a la China y a otros países soviéticos o prosoviéticos. Más tarde fue enviado por el gobierno a la embajada de Colombia
en Suecia, adonde, según sus propias palabras, iba en busca de sus ancestros. Jorge Zalamea escribió en el prólogo de las primeras obras completas del maestro: «Si León de Geiff ocupa hoy uno de los más altos tronos de la poesía castellana, si su obra tiene una significación universal traducible a cualquier idioma, no es por la simple razón de ser un erudito de las formas poéticas y un impar dominador del lenguaje en que ellas se expresan. Su cualidad excelsa es la de creador de un universo perfectamente identificable en sus paisajes, en su fauna y su astronomía, en sus poblaciones, en sus héroes y en sus beldades; un universo al que podemos penetrar no simbólica sino físicamente, porque ya en sus mismos umbrales perciben nuestros sentidos la materialidad de una música, de unos aromas, de unos colores que reconocemos peculiares en él, y nuestra
inteligencia entra en contacto real con una muchedumbre que comenzó a ser censada en las páginas de |Tergiversaciones y que tiene ya personajes de tanta vitalidad que han saltado de su propio mundo para incorporarse al nuestro… (He aquí el censo incompleto: Leo Le Gris, Mateo Aldecoa, Gaspar van der Nacht, Erik Fjordson, Sergio Stepansky, Claudio Monteflavo, Ramón Antigua, Gunnar Fromhold, Proclo, Diego de Estúñiga, Harald el Oscuro, Lope de Aguinaga, Guillaume de Lorges, Miguel Zuláibar, Beremundo el Lelo, el Skalde y otros…» Hernando Téllez, a su vez: «Dentro de un siglo o dentro de diez, la poesía de León
de Greiff seguirá pareciendo, seguirá siendo, una creación singular y aparte. Una producción cuyos nexos con las constantes de la moda y de las escuelas poéticas de su tiempo ofrecerán una resistencia a la identificación con ellas mismas». Y Femando Charry Lara: «De Greiff es, ante todo, el creador de un lenguaje
poético. Su obra, un permanente ejercicio de habilidad verbal… Su grandeza radica en una maravillosa capacidad de construcción idiomática y en la forma como en ella conviven la expresión culta junto al habla corriente, el arcaísmo, el neologismo, las voces extranjeras y las de su propia invención… No hizo parte de
escuela, ni la formó, ni cuenta, tampoco, con discípulos posibles. Su acento está a salvo de cualquier imitación. Es suyo, inalcanzable».

  • Texto extraído de Quién es quién en la poesía colombiana (Bogotá, 1998), de Rogelio Echavarría. Primera edición: Ministerio de Cultura – El Áncora Editores. Puede consultar este material en nuestra biblioteca con la signatura topográfica: R8861 / E132q T. I

Sonatina en La Bemol (Noche Morena)

Escuche los poemas Filosofismos, de Tres Nocturnos del Extranjero (Nocturno No. 4 en Sí Bemol) y Relato de Sergio Stepansky.